El otro día leí que en la fotografía se calienta como si fuera un deporte. Al principio pensé: ‘que tontería’, pero al rato caí en lo cierto que era. Y no sólo en la fotografía, en cualquier arte: escribir, dibujar, componer… Horas y horas de errores y de fracasos. Desde bien pequeño me he empapado que el fracaso te hace un perdedor, sin caer que es más bien lo contrario: fracasar te hace mejorar en cualquiera de las facetas que estás ejerciendo. Te hace un ganador. El fracaso forma parte de salir del confort y poder tener éxito en tu proyecto. Siempre he tenido esa creencia y eso me ha llevado a dejar las cosas de lado; cuando algo no funcionaba o me costaba más de lo normal, pasaba de página y me dejaba de interesar (aunque en realidad me gustara lo que hacía). Todo esto me ha pasado con estudios, proyectos, relaciones… Sentía que fracasaba, lo aceptaba y pasaba página.
Con el tiempo, me he dado cuenta que el fracaso forma parte de cualquier proyecto.

Y además de entrenar un arte, también tengo que entrenar mi mente que divaga hacia la rendición de cualquier cosa que tenga en mente. Innumerables son las ocasiones que he tenido una idea que ha acabado en un cajón antes de si quiera darle una segunda oportunidad.

La cuarentena, bajo mi punto de vista, me ha llevado a plantearme muchas cosas sobre mi profesión y sobre como la abarco. En como he ido posponiendo romper el cordón del miedo y caminar por la incertidumbre, hasta que te toca a la puerta y te se presenta. Sin avisar.

Todo esto viene tras unos días editando una foto en Photoshop, aplicación con la que me cuesta hacer migas… la verdad sea dicha. Quise probar un estilo diferente a lo que he hecho ahora, y no conseguía sacar lo que tenía en mi cabeza. El primer día estuve a punto de dejarlo pero decidí que le dedicaría unas horas por día, estando tres días editando, tocando, reescalando, probando colores… Y al final acabe disfrutando esos errores aunque la foto fuera imperfecta en sí.

Entonces caí en una cosa.

Hace unos cuantos meses mediante un canal que sigo, aprendí un poco sobre la filosofía Kaizen y sin darle muchas vueltas, me doy cuenta que es lo que funciona. No funciona atracones de horas en cualquier aspecto de tu vida: si no pequeñas cantidades de tiempo de inversión y enfocado en lo que haces. Y día a día, la mejora es sustancial.

En cuanto a la foto bueno, ya dije que es imperfecta. Pero imperfectamente perfecta.

Doble exposición de Martín.

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